Quejándose del abandono en que se halla desde hace ya muchos años el cementerio Bella Vista de la capital larense, ese lugar de descanso eterno recibió con ocasión del Día de los Difuntos, la visita de algunas personas que tienen allí familiares sepultados.
No obstante, pese a la efemérides, la afluencia de visitantes fue muy poca.
Así, la señor Nailet León acudió a visitar la tumba de su hijo, Ricardo José Campos León. Explicó que Ricardo José está sepultado en un pequeño panteón familiar, en el que también se hallan las tumbas del abuelo y del tatarabuelo paterno de su hijo.
Ante una pregunta, la dama expicó que “este panteón más o menos lo han respetado a medias”. Sin embargo, se han llevado algunos accesorios que allí había.

Por su parte, el señor Amílcar Ramos acudió a visitar la tumba de su abuelo paterno, Antonio Heredia, y de su abuela materna, Doming Ramos.
-Bueno –explicó-, les mandaré a hacer alguna limpieza a sus tumbas, ya que este cementerio está totalmente abandonado, y les prenderé algunas velas, porque las flores están demasiado caras.
Pero lo que más llamó la atención del equipo periodístico de EL INFORMADOR fue la tumba de Domingo Antonio Sánchez, una especie de “santón” fallecido en un accidente de tránsito en la vía a Carora en el año 1954.
Y, si no estamos mal informados, Sánchez era un transportista cervecero que trabajaba duro, y que, además, por ello, obtenía buenos ingresos.
Según las versiones, Sánchez fue un hombre altamente generoso y desprendido, amigo de ayudar y hacer favores a sus colegas transportistas, razón por la cual éstos, luego de su muerte, ahora lo tienen como alguien a quien se le rinda veneración.
Y, en efecto, ayer estaba frente a su tumba el señor Juan José Álvarez, quien nos dijo:
-Mire: Yo trabajé muchos años como taxista y como transportista, y en varias oportunidades en que me encomendé a Sánchez, éste me concedió los favores que le pedí.

Reinaldo Gómez
Fotos Daniel Sosa (@IamDanisosa)