En tierras al sudoeste de la ciudad de París, los campesinos se suman a los esfuerzos de Europa por combatir su dependencia del gas proveniente de Rusia.
Pronto pondrán a funcionar una nueva instalación donde ciertas cosechas y desechos agrícolas son molidos y fermentados para “biogases”, que asoman como una de las alternativas que podrían ayudar a suspender las importaciones de combustibles fósiles rusos que financian la ocupación sobre su vecina Ucrania.
Pequeñas plantas rurales que generan electricidad para cientos o miles de casas no van a sustituir las enormes importaciones de gas ruso que abastecen la economía, las fábricas, los negocios y las casas.
Y hay quienes dicen que, en lugar de producir gas, los campesinos deberían enfocarse en producir alimentos, cuyo precio ha aumentado enormemente por la guerra de Ucrania, que es uno de los graneros del mundo, junto con Rusia.
El biogas, no obstante, bien puede ayudar a reducir la dependencia de Europa del gas ruso.
La Asociación Europea de Biogas dice que la Unión Europea podría aumentar rápidamente su producción de gas biometano, que puede circular por las tuberías de gas natural. Una inversión de 83.000 millones de euros (87.500 millones de dólares), que a los precios actuales representa menos de lo que las 27 naciones de la UE pagan anualmente a Rusia por su gas natural, podría multiplicar por diez la producción de gas biometano para el 2030 y reemplazar una quinta parte del gas importado de Rusia el año pasado, según esa agrupación.
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