Reseña de la Añoranza/ Iván Brito López < El Informador Venezuela
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Reseña de la Añoranza/ Iván Brito López

Macías Mujica  Vivió y escribió lo  vivido

El pasado 4 de mayo, se cumplieron 123 años del natalicio del escritor, periodista y cronista Eligio Macías Mujica, quien nació en Barquisimeto en el año de 1900, en aquella ciudad pequeña de algunas calles empedradas, con aceras de lajas en medio de un ambiente eminentemente rural, donde las dulceras, esas vendedoras de pelo extendido, se desplazaban con sus batas de cien boleros y dos bolsillos, con un rodete de tela sobre el pelo, donde viajaba en equilibrio el azafate dulcero, como las describía el poeta Gustavo Rojas (1975) al evocar los días de su juventud y la granjería criolla contenida en aquella bandeja de madera, el azafate dulcero, pequeña confitería bajo un mantel aplanchado, que le brillaba el almidón recién almidonado.

Casas solariegas de amplios corredores, con su patio central, donde el tímido ladrillo dejaba sensaciones de frescura, que invitaban a la quietud y la conservación; eran el reducto de alta moral, alta inteligencia y en fin ese cúmulo de virtudes del hogar y el ciudadano. Indudablemente Eligio Macías Mujica, fue un fiel exponente de esa ciudad en la que vino al mundo y a la que vio crecer y enrumbarse hacia la modernidad. De tal manera que Eligio Macías Mujica, indiscutiblemente como Cronista Oficial de la Ciudad de Barquisimeto, vivió y escribió lo vivido.

Su nombramiento de Cronista Oficial de Barquisimeto, se va a efectuar en 1952 y se concretará dentro del marco de la celebración de los cuatrocientos años de la fundación de Barquisimeto, cuando ya se contaba entre los fundadores del Centro de Historia Larense en 1942 y su experiencia periodística como diarista no sólo en El Impulso por espacio de 20 años, sino también en el Diario de Carora como columnista, así como en el Universal de Caracas y junto a Monseñor Críspulo Benítez Fonturvel fundan el célebre rotativo “Fe y Acción”, que a la postre se transformó en el diario “Jornada” había sido suficientes credenciales para tan honrosa distinción.

Rafael Rodríguez Ortiz (1967) al referirse a su persona expresa:

“…Fue un barquisimetano integral, nació y vivió siempre en su tierra nativa, como lo hiciera el gran Don Tulio Febres Cordero y, como éste, fue uno de los que mejor conoció su pasado y el presente. Nada ignoró de su amado Barquisimeto: penetró en los dominios de su historia como su propia casa y escribió abundantemente, sobre sus hombres ilustres y los hechos de gloria, sobre sus tradiciones y problemas, muchos de los cuales al acicate de su pluma fueron resueltos…”

Una buena selección de sus crónicas, hizo este amante empedernido de la ciudad, quien las vertió agradablemente en lo que él mismo denominó “Sol en las Bardas”. Al respecto comenta Raúl Azparren (1972) en su obra “Barquisimeto, paisaje sentimental de la ciudad y su gente”:

Eligio Macías Mujica, 123 años de su natalicio

“…Lucía vigoroso, optimista, y se entusiasmó cuando conversamos (…) la noche que nos ratificó su disposición de ceder a la Sociedad Amigos de Barquisimeto los originales de “Sol en las Bardas”, guardados por muchos años con devoción barquisimetana (…). En esa oportunidad nos dijo Eligio Macías Mujica, quizás un poco defraudado, pero sin rencor, acerca de los muchos ofrecimientos oficiales que se le habían hecho para facilitarle la edición de la obra, sin haber sido cumplídos (…). La conversación se desarrolló en el corredor-recibo de su modesta morada, situada en la cerrera 17, “La Ilustre Americano” como la denominó siempre, pues a ninguna de las arterias ciudadanas dejó nunca de llamar con sus nombres primitivos, pese a la nueva nomenclatura…”

Para aquellos días ya Eligio Macias Mujica, se hallaba con quebrantos de salud, los mismos por los cuales se encontraba en la ciudad de Caracas, cuando el 20 de junio de 1962 en el Hospital Clínico Universitario se apagó su lámpara vital, sin lograr ver materializada su anhelada obra. Sin embargo, la Sociedad Amigos de Barquisimeto con las gestiones muy adelantadas, bautizó la obra un año después, en 1963, gracias a las instancias del Ejecutivo del Estado Lara, en la persona del ciudadano Gobernador, Dr. Eligio Anzola Anzola, como un hermoso y merecido homenaje póstumo, con un estupendo prólogo del Dr. Alberto castillo Arráez (1963), quien al referirse al autor nos dice:

“…Eligio Macías Mujica está en este libro de cuerpo y espíritu presente como artista, como hombre de universales conocimientos y como pasión por el Barquisimeto de siempre. (…) Queda así para la posteridad la imagen exacta de un Barquisimeto en trance de adiós definitivo, hecho arte literario por Eligio Macías Mujica e hijo del sentimiento acendrado en lo raizal y perenne de la barquisimetaneidad…”

Si bien es cierto, que Eligio Macías Mujica nació en Barquisimeto, su ascendencia tiene la simiente en los llanos venezolanos, origen de la procedencia de sus padres Pedro Macias Guevara y Angela Palmacia Mujica Campins de Macías Guevara, quienes indudablemente transmitieron al pequeño infante todo el amor hacia este pedazo de tierra bajo este pedazo de cielo, “…la tierra en que nacimos y el cielo bajo el cual queremos morir: tierra y cielo a cuya imagen y semejanza nos ha moldeado la naturaleza, y que, por esto mismo, guardan con nuestro corazón, con nuestra alma, con nuestra sangre y nuestros huesos, las más fuertes, las más profundas, las más tiernas y misteriosas armonías…”, como lo expresara el Presbítero Dr. Carlos Borges en el Teatro Juáres, un 19 de abril de 1917.

Ese mismo amor que, los habitantes de aquel viejo Barquisimeto, sencillo y esperanzador, sumiso y rebelde, agrícola y costumbrista, estimuló sus actuaciones hacia los destinos de un mejor porvenir, para esta urbe crepuscular de tuna y cardonal y alma musical, sentimiento que sigue vigente en muchos quienes nos sentimos estrechamente vinculados con esta tierra de gracia, encrucijada de caminos, que se alza sobre una extendida meseta de oeste a este, que se remangó los pantalones para cruzar el río Turbio y subir hacia El manzano, y hacia el norte, con sombrero de anchas alas, remontó sabanas pobladas de cujíes, para expandir el asiento feliz de muchas familias que, en el centro de Barquisimeto laboran en un honesto trajinar para ganar con gallardía el sustento diario.

Eligio Macias Mujica, alcanzó una extraordinaria cultura humanística, convirtiéndose en un hombre de letras de pensamiento agudo, dada su formación en la fragua continua de pergreñar cuartilla frente a la maquinilla de escribir, donde el olor a tinta era aroma que ensalzaba el espíritu y elevaba la vocación de un periodismo sincero, que hizo en aquellos hombres y mujeres, rallar en lo literario por la influencia decimonónica que permeaba en el Siglo XX, el mismo que al nacer, fue hermano del nacimiento de este personaje, 1900 fue el año de inicio y 1962 el año de la jornada final, epicentro sentido del momento culminante de su existencia. Fueron 62 años de vivir y escribir lo vivido, como periodista en esencia, lo que se tradujo en la evocación de un tiempo pretérito, como una voz silente anunciando el tiempo que se fue, como testimonio de un ayer, que marcó su presente y presagió el mañana.

Indiscutiblemente, Eligio Macías Mujica fue un hombre ganado para la prensa y la historia, legando para la posteridad una luminosa estela de añejas crónicas de bien hilvanada urdimbre, que ahondan en la raíz telúrica de nuestro acontecer a través del tiempo. En la memorable reunión, efectuada en la sede de la Academia Mosquera Suárez de Casta J. Riera, también la figura robusta y mediana de Eligio Macías Mujica estuvo presente, cuando en 1945 se constituía la Asociación Venezolana de Periodistas, Seccional Lara. Fue uno los fundadores e Individuo de Número del Centro de Historia Larense, Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia y de otras corporaciones literarias, por sus propios esfuerzos en busca del aquilatamiento de su intelecto, que le permitió, sin proponérselo, escalar posiciones de reconocimiento dentro de los círculos no sólo periodísticos, sino también culturales, literarios y de la sociedad en general que le admiraba y respetaba, dada sus virtudes ciudadanas, su desmedida lealtad a la amistad y demás prendas de gran valor, que lo distinguieron a todo lo largo de su vida, como caballero ejemplar y ciudadano sin tacha ni mácula.

Eligio Macías Mujica, en la Sesión Especial del Centro de Historia Larense y la Academia nacional de la Historia el 14 de septiembre de 1952 en los 400 años de Barquisimeto.

En la trayectoria de Eligio Macías Mujica, está el padrinazgo de sus pininos bajo la tutela de don Federico Carmona, siendo El Impulso, el diario donde va a desplegar todo lo mejor de su bagaje humano por 20 años, periodo durante el cual llegó a ejercer la dirección de tan importante vocero comunicacional. Don Raúl Azparren, amigo de Barquisimeto, entrañable enamorado de su ciudad natal, apenas cinco años menor que Eligio Macías Mujica, cultivó densa amistad con la gente su generación, donde nuestro biografiado de hoy, fue parte de ese mundo. Mucho lamentó Azparren no haber podido lograr la publicación de “Sol en las Bardas” antes del fallecimiento de su apreciado autor:

“…Ya enfermo Macías Mujica, lo visitamos constantemente y dialogábamos acerca del proyecto, y nos ratificábamos mentalmente la idea que manteníamos, de darle en vida, realidad a su anhelo. No llegamos a conseguirlo. No fue posible publicar lo que esta noche estamos bautizando, en vida de don Eligio Macías Mujica, y el no haber podido regalarle esa significativa satisfacción espiritual, muy a nuestro pesar, teniéndola tan merecida, es lamento eternizado en nuestro sentimiento. Así sucede regularmente; los homenajes son póstumos en los más justicieros casos…”

En lo personal, aún recuerdo el memorable 14 de diciembre de 1974, cuando acudimos llevado por nuestros familiares, a la inauguración de la Plaza Los Ilustres, en la Avenida Vargas. Esa tarde que devenía en noche, armonizada por el crepúsculo y la nutrida presencia de gente emocionada por el acontecimiento que allí estaba teniendo lugar, constituyó la atmosfera que envolvía el instante, pues en ese lucido acto, se develarían tres significativos bustos en bronce de una factura naturalista muy bien lograda, tras cinco años de gestiones conducentes a lograr el importe económico que demandaba la hechura artística de cada esfinge y su fundición y vaciado para darle su carácter de perennidad.

Allí estaba presente, la Orquesta Típica Municipal de Barquisimeto, hoy de Iribarren, fundada por nuestro abuelo Rafael Miguel López, quien además era su director y arreglista, que al final del acto protocolar ofreció bellas notas musicales propias del pentagrama larense. La actividad era consecuencias de una de las tantas campañas, de la Sociedad Amigos de Barquisimeto, la misma que en la persona de su fundador don Raúl Azparren, había propiciado la publicación de “Sol en las Bardas”, iniciativa que encontró aquiescencia dentro del Concejo Municipal de la época y que recibió el respaldo del Ejecutivo del Estado Lara y de muchos sectores, que hicieron posible económicamente la materialización de aquellos tres bustos. El periodista Manuel Felipe López, como Secretario de la Sociedad Amigos de Barquisimeto, fungió de maestro de ceremonia y condujo el protocolo que el momento demandaba, después de cuya presentación y ofrecimiento, dejó en uso de la palabra a Don Raúl Azparren, quien con su mensaje emocionado y sincero expresaba una enorme satisfacción por el logro alcanzado, una satisfacción que iba más allá de las palabras, para traslucirse en las líneas de expresión de su rosto y la luz que brillaba en sus pupilas.

Seguidamente, el Orador de Orden, Dr. Alberto Castillo Arráez, pronunció un bello discurso de altos vuelos, con su expresión intelectual de académicos ribetes amalgamados al sentimiento por el terruño nativo y la exaltación a la figura de los tres personajes que esa tarde pasaban a formar parte del procerato civil de este pueblo querido. Eran las figuras de Antonio Carrillo, Rafael Monasterios y Eligio Macías Mujica, las que quedaban tatuadas en el bronce que las inmortalizaba.

Al momento de escribir estas líneas, me pareció esta nuevamente allí presente, al retrotraerme al pasado y visibilizar en la evocación las imágenes de ese lucido acto y con el inicio de aquellas palabras, “…el llamado cordial de la ciudad amada, llegado hasta mí (…) me situaron en el trance ineludible de ocupar esta tribuna ahora y aquí hacer las apologías de tres próceres civiles barquisimetanos fallecidos: Rafael Monasterios, Antonio Carrillo y Eligio Macias Mujica…”

Aquel discurso, recreó el prólogo de “Sol en las Bardas” que él había escrito en Puerto Azul, en Naiguatá, en el litoral central el 12 de junio de 1962 y que le había sido leído a Eligio Macías Mujica en su lecho de enfermo pocos antes de su fallecimiento, logrando que emergiese en su rostro una sonrisa iluminada.

Finalmente, el Dr. Alberto Castillo Arráez, concluía aquellas inolvidables palabras con un mensaje pleno de reflexión aleccionadora:

“…Uno de los grandes males nacionales es el de olvidar la acción de los varones creadores de valores y los valores existenciales en sí mismos. Aún más, no solamente se les olvida cuando sus ejemplos deberían ser perennes, sino que se les ignora y hasta se les niega en su labor artística y creadora. El deber ser es lo contrario, y esa es la razón fundamental por la cual la Sociedad “Amigos de Barquisimeto” ha hecho erigir estos bustos además de los motivos sentimentales que motivaron esta acción; porque el ejemplo de los próceres civiles ha de ser imperativo y el acicate de los jóvenes que acaso al verlos en este ámbito se preguntarán: ¿Quiénes fueron?, y esa pregunta los llevará a indagar sobre esas vidas y sus obras y los estimulará, según pregona la Pedagogía del Arte…”

Un buen día los pedestales de la Plaza Los Ilustres amanecieron sin esos tres bustos y otro que se había sumado en 1982, como lo fue el de su creador Don Raúl Azparren, lo que indignó a los barquisimetanos que en esos días vimos cómo fueron mutiladas las figuras humanas en gesto de aguerrida batalla están presentes en las alegorías en bronce del Parque Ayacucho y la estatua tamaño natural en bronce del Dr. José María Vargas en la redoma frente al Hospital Central Antonio María Pineda, sin que autoridad alguna moviese un dedo para abrir averiguaciones y dar con los responsable de tan grande afrenta contra la ciudad y sus símbolos urbanos, lo que puso de relieve la cultura de quienes estaban al frente de la institucionalidad gubernativa tanto local como regional.

Posteriormente se restituyeron los bustos, esta vez elaborados en marmolina, una mezcla de polvo de mármol con otros minerales que al fraguar en su solidificación dan el aspecto de piedra, con un trabajo artístico que denota una baja calidad estética, sumamente inferior a la exhibían por los bustos en bronce arrancados de sus pedestales por la anarquía despótica de la ignorancia y que en los años 70 mediante contribuciones de diversos sectores públicos y privados a lo largo de cinco años, se habían podido hacer posible su modelado, fundición y vaciado.

Monseñor Dr. Críspulo Benítez Fonturvel imponiéndole distinción de reconocimiento a Eligio Macías Mujica

Eligio Macias Mujica, también tuvo actuación pública en el Parlamento y en la oratoria, donde mostró su carisma y de voluntad de servicio a la comunidad. El Dr. Alberto Castillo Arráez, oyó de labios de doña Dominga Gil Fortoul de Macias lo siguiente: “…Eligio va con el Siglo…” al referirse al personaje que ha motivado la Reseña de la Añoranza de hoy domingo 7 de marzo de 2023, al recordar los 123 años del natalicio de este intelectual, escritor, periodista, poeta, historiador y cronista señero, quien además de orador de elocuencia atrayente, ágil para la improvisación, cordial para los conceptos y admirable facilidad expresiva, también cultivó casi todos los géneros literarios con brillantez y éxito, entre ellos: historia, critica, crónica, el humorismo elegante y oportuno y fue a su vez, como lo describe Raúl Azparren, Hermann Garmendia y otros autores, de conversación tan amena que daba gusto oírlo, al punto que se experimentaba satisfacción.

El Patrimonio Cultural de los pueblos y del nuestro, está en las estructuras que con su presencia física nos hace recrearnos en ese ayer del cual provenimos, para mal o para bien, pero que es nuestra realidad histórica, quizás para algunos insignificante y para otros avergonzante, por lo cual, a lo largo del tiempo, lo que ha sido premisa es borrar nuestra historia urbana en los perfiles de la ciudad, como si con hacer desaparecer el elemento edificado, se pudiese borrar la historia. De allí que el énfasis persistente es que, el gran libro donde el ciudadano común aprende de su historia, es la ciudad misma, son esas casas viejas, con sus ventanales, sus aleros o cornisas, sus plazas, su estatuaria y en fin lo que nos dibuja la fisonomía no sólo física de la ciudad de ayer, sino igualmente la fisonomía sociológica y antropológica de nuestro propio acontecer a través del tiempo.

Domingo 7 de marzo de 2023.

Fuentes Consultadas:

•         Azparren. R. (1975) Paisaje sentimental de la ciudad y su gente. Talleres Tipográficos MERSEFRICA. Caracas Venezuela.

•         Cámara de Comercio del Estado Lara (1952) Guía Económica y Social del Estado Lara. Editorial Continente. Barquisimeto. Venezuela.

•         Castillo. A. (1974) Discurso Inauguración Plaza Los Ilustres. Ediciones de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado. Barquisimeto. Venezuela.

•         Macias. E. (1963) Sol en las Bardas. Imprenta del Estado Lara. Barquisimeto. Venezuela.

•         Mosquera, R. (1971) Carlos Borges, vida y obra. Cromotip. Caracas. Venezuela.

•         Orellana. F. (1983) Genesis y evolución del periodismo en el estado Lara. Tipografía Orellana. Barquisimeto. Venezuela.

•         Rivas. E. (1993) Rastros y Rostros y la Pluma en Ristre. Editorial Carteles. Barquisimeto. Venezuela.

•         Rojas, G. (1975) Del ayer barquisimetano y otros poemas. Tipografía Vogue. Barquisimeto. Venezuela. •         Rodríguez, R. (1967) Eligio Macias Mujica. Boletín del Centro de Historia Larense. No. XLV. Año 1. Editorial. Lucila. Barquisimeto. Venezuela

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